Un buen producto turístico

Hace diez años un grupo de empresarios turisticos de la Costa Dorada puso en marcha un nuevo producto turístico con el ánimo de reducir la estacionalidad y conseguir por tanto mejorar su destino y obtener mayores beneficios tanto desde el punto de vista económico (ingresos) como social (puestos de trabajo). El producto creado se dirigió al segmento del turismo juvenil en dos vertientes, la deportiva no competitiva y la festiva. Durante casi ocho años el producto funcionó y por lo tanto en esta zona de la Costa Dorada se redujo la temporalidad y se incrementaron los ingresos.

No era la panacea para resolver todos los males pero era un buen producto, bien diseñado y que fue comercializado con buenos criterios. Un éxito sin ser (que no lo pretendía) el descubrimiento del Mediterráneo.

Hace dos años alguien descubrió que en Salou había movida en el mes de marzo, justo antes de iniciarse la temporada turística de la Semana Santa y allí se dirigió dispuesto a ganar el premio Pulitzer de Periodismo. Descubrió que los chavales se lo pasaban bien. Que los deportes así llamados no eran los deportes de las secciones deportivas de la prensa sino que eran actividades lúdicas y de las que en la mayor parte de los casos no existían federaciones ni nacionales ni internacionales. Y sobre todo descubrió que por la noche los chicos y chicas que participaban en estas vacaciones deportivo-sociales se iban de juerga, bebían, y algunos hasta practicaban el sexo. Como decía en unas declaraciones el Presidente del Gremio de Comerciantes de Salou, para la actividad comercial de la zona no eran unos grandes clientes, pero animaban el ambiente y no estorbaban.

Pero quien pretendía ganar el premio Pulitzer de Periodismo no podía relatar los hechos, tenia que ponerle el morbo de que eso era el espejo del turismo de botellón que existe en nuestro país, donde por cuatro duros vienen los extranjeros a emborracharse, emporrarse y fornicar. Y así, de esta manera tan sencilla, llevamos dos años de campaña destructivas contra un producto turístico de calidad. Sí un producto de calidad, porque propiciar una vacaciones juveniles en temporada baja en una de nuestras principales destinos turisticos es un producto de calidad.

Indudablemente los que nos narran el acontecimiento nunca fueron jóvenes, nunca participaron de un activad lúdico deportiva llamada estirar de la cuerda, nunca supieron lo que era arrancar cebollas, y naturalmente nunca salieron de copas y se pasaron un poco y en cuanto al sexo siguen estrictamente las normas establecidas por la Iglesia Católica en todos sus pormenores: casados por la Santa Madre Iglesia, con preservativo y con el fin único de la procreación.

¿Por que? ¿Por qué solamente hemos de ver lo negativo en todo para que sea noticia? ¿No es normal que cinco mil chavales y chavalas (en mi pueblo, en León, esta palabra es cariñosa y no peyorativa) que deciden venir a ser felices durante unos días no pueden hacerlo con calma y tranquilidad? A pesar de los múltiples esfuerzos de Tribuletes sin categoría, no han podido encontrar demasiadas quejas, porque la actitud de estos muchachos es la normal de su edad y condición y no vienen a consumir botellón, sino a conseguir un trozo de felicidad. Y si consiguen ser felices en lugar de ser provocadores de maldades a lo mejor dentro de unos años con la calma que siempre produce la edad volverán a aquel lugar donde siendo adolescentes fueron felices durante unos días.

Es un magnifico proyecto al que determinadas noticias están a punto de matarlo. ¿No podríamos entre todos conseguir que continuase existiendo y si se producen excesos denunciarlos?, pero solo los excesos, no el conjunto porque es un buen producto.

Ah y por cierto, felicidades a esos chavales y chavalas que hicieron el amor. Que sea por muchos años y por muchas veces y si es posible en la Costa Dorada.
RMF

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